domingo, 10 de julio de 2011

Otra vez el tiempo

Un pájaro, un pájaro pequeño,
de color pardusco, se ha posado
en el cable telefónico. Más allá
de los tejados, el cielo está cubierto.
Húmedo, plomizo, con ganas de llover
pero indeciso. Eso es todo
lo que sabe del mundo,
desde la cama, esta mañana.
Más lo que cuenta del suyo
el autor de la novela
que distrae entre las manos: La escapada.
Dice en la portada que de ella
hizo Sam Peckinpah una película.
No la recuerda. Pero lo intenta,
y se le viene a la memoria una secuencia:
gente descuartizada a tiros, sangre
y pólvora en el polvo. Grupo salvaje.
Una de las grandes.
Esa, y La cruz de hierro.
Es entonces
cuando se abre la puerta y entra ella.
"Oye, ¿sabías -le pregunta, recordando
las noticias tras un instante
de silencio- que en la capa de ozono
se está formando al parecer otro boquete?"
"Vaya, no me digas -con una benévola
sonrisa-. Qué apocalíptico estás
esta mañana..."
¿ Apocalíptico?
La palabra se le antoja un poco fuerte,
así de pronto y en ayunas.
Vuelve la mirada al libro, a la ventana:
se maravilla una vez más
del errático, entrecortado curso
que suelen seguir los pensamientos.
El pájaro
emprende nuevamente el vuelo.
La lluvia escupe en los cristales.
Y ya jamás
volverá a ser el mundo como antes.

Hablando de pintura con un ciego, 1993- Roger Wolfe

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