miércoles, 22 de junio de 2011

Ángel guardián


Los mercaderes de vino nunca llegaron a prosperar tanto como en el siglo XIX. Este éxito dio origen a un nuevo trabajo: el de ángel guardián. El ángel guardián era el encargado de acompañar a sus casas aquellos clientes mamados. Ya que para un hombre en estado de embriaguez, la menor acera se convierte rápidamente en un escollo infranqueable, el adoquín más pequeño puede provocar una caída. Con una señal del dueño, el ángel guardián agarraba al cliente por los cuernos y lo acompañaba a su domicilio. Había que ser paciente y gran psicólogo. El ángel guardián debía, primero, tranquilizar a su cliente –no, su mujer no estaría molesta con él-, estar de acuerdo con sus obsesiones –sí, el vino era excelente para la salud-, sufrir sin rechistar sus cóleras, sus lloros o sus sarcasmos, recoger su sombrero tirado en un arroyo y por último, afrontar las reprimendas de la esposa.
En recompensa, recibía algunas monedas del cliente y tenía mesa regalada por el mercader de vino. La mayoría de los ángeles guardianes operaban en Montmartre y a los alrededores de la plaza Maubert. 

Métiers oubliés de Paris - Dictionnaire littéraire et anecdotique
Traducción: KNB

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